La Zarpa Rota, La Sala Rara y el Resoplido del Dragón.
La noche era oscura y cargada de una neblina opresiva que se enroscaba entre los callejones de Knockturn Alley.
El aire parecía más pesado en esa parte del mundo mágico, donde las luces parpadeaban con un brillo enfermizo y las sombras se movían de formas inquietantes, danzando al ritmo del murmullo de conversaciones clandestinas.
Tonks caminaba junto a Alastor Moody. Su ojo mágico giraba incesante, escudriñando cada rincón, cada sombra, cada movimiento en aquel entorno cargado de peligro. Las botas del veterano golpeaban el suelo con un ritmo constante, firme un contraste marcado con el andar más ligero, aunque igualmente alerta, de Tonks.
Tenían un objetivo claro: reunirse con el tal Toby el Tuerto, un extrabajador del departamento de Misterios para obtener información sobre Baltasar Greaves.
El nombre había salido de los labios de Mundungus Fletcher, que, cuando se trataba de asuntos sobre los bajos fondos, su información era tan fiable como si la diera el mismo Dumbledore.
Tonks, a pesar de la gravedad de la situación, no podía evitar sentirse emocionada. Al pasar junto a un espejo mugriento encastrado en una esquina, se detuvo y examinó su reflejo.
—Un momento, Alastor. Dame un segundo para ajustarme al ambiente.
Ante los ojos vigilantes de Moody, su rostro se comenzó a transformar.
Las arrugas surcaron su piel joven, su cabello se volvió de un tono gris deslavado, y sus dientes adquirieron un aspecto torcido y amarillento. Incluso su ojo izquierdo se cerró bajo una cicatriz grotesca que le daba un aire peligrosamente auténtico.
Moody, con los brazos cruzados, gruñó, escondiendo una aprobación casi imperceptible.
—¿Qué opinas? —preguntó Tonks, girándose hacia él con una sonrisa torcida—. ¿Doy el pego como una bruja de los bajos fondos londinenses?
Moody entornó su ojo normal mientras el mágico seguía girando.
—Haces que Mundungus parezca un modelo de higiene personal —murmuró, lo que arrancó una risa espontánea de Tonks, que intentó que sonara rota y grave.
Con un gesto de varita, la auror remató el disfraz, dándose un aire andrajoso y amenazador. De su habitual túnica elegante con tachuelas de plata, emergió una capa raída, agujereada y sucia, con manchas que parecían contar historias de años de uso en lugares poco recomendables.
—Recuerda, Tonks —gruñó Moody—, Greaves no es un cualquiera. Ese hombre sabe jugar en las sombras. No bajes la guardia, que Toby no sospeche de ti. No queremos que le alerte.
Tonks asintió, aunque su tono desenfadado contrastaba con la seriedad de su mentor.
—Tranquilo, Alastor. Todo bajo control. Además, tú siempre tienes un ojo extra por si acaso.
Moody no respondió, aunque torció la boca en algo que, con esfuerzo, podría interpretarse como un intento de sonrisa.
Cuando llegaron al punto de encuentro – un almacén abandonado con una fachada cubierta de grafitis mágicas y ventanas tapiadas –, distinguieron una figura familiar en la entrada.
Remus Lupin aguardaba allí, con las manos metidas en los bolsillos de su túnica raída pero pulcra. Levantó la mirada, con ojos que reflejaban cansancio y concentración en igual medida.
A Tonks le pareció que debía estar enfermo, ya que parecía más pálido y ojeroso de lo habitual.
—Lupin —gruñó Moody a modo de saludo—. Ahora ya estamos todos.
Él se acercó sin decir nada, pero sus ojos se encontraron brevemente con los de Tonks, quien le dedicó una sonrisa amplia, contenta de compartir esa misión con él.
—Vaya, Remus, tú siempre tan elegante. ¿Es esa túnica de segunda o de tercera mano? —bromeó la auror, tratando de aliviar la tensión.
Él arqueó una ceja, pero la sombra de una sonrisa tensa se dejó ver en sus labios.
—Prefiero no llamar la atención, a diferencia de otros —replicó, con un tono neutro.
Tonks rió suavemente, aunque su mirada permaneció fija en su compañero por un momento más largo del necesario. Lo notaba raro.
Moody dedicó un minuto en asegurarse que nadie les hubiera seguido ni estuviera pendiente de su conversación. Carraspeó antes de romper el silencio.
—Esta vez, solo observáis y habláis. Necesitamos información sobre la antigua posición de Baltasar Greaves en el Departamento de Misterios. Parece que hizo algo que incluso ellos no pudieron encubrir, y por eso le echaron. Según Mundungus, hay un tipo llamado “Toby el Tuerto” que podría saber algo. Trabajó en el departamento hace años y conoció a Greaves. Ahora está medio loco y vive completamente borracho, pero canta cuando el oro habla.
El auror se detuvo un momento y miró a ambos con severidad, asegurándose de que entendieran la importancia de la tarea
—Hacedlo rápido y limpio. Yo me esperaré apartado. Llamo demasiado la atención.
Tonks y Lupin asintieron antes de girar la esquina, adentrándose aún más en los callejones serpenteantes de Knockturn Alley.
Pronto llegaron al final de una vereda oscura, donde un letrero apenas iluminado con un hechizo parpadeante marcaba la entrada de “La Zarpa Rota”.
El local tenía una fachada destartalada, con ventanas tan llenas de hollín que era imposible ver el interior. Un hedor a cerveza rancia y humo de pipa flotaba en el aire antes incluso de cruzar la puerta.
El interior era peor.
Las paredes estaban cubiertas de mugre acumulada durante décadas, y el suelo crujía bajo los pies como si guardara algún secreto sucio. Los pocos parroquianos que ocupaban las mesas parecían más interesados en mantenerse ocultos que en socializar, refugiados bajo capas y capuchas.
—Encantador —murmuró Tonks mientras echaba un vistazo al lugar.
Moody, siguiendo su propia advertencia, permaneció cerca de la puerta, vigilante bajo un sombrero de ala ancha que ocultaba parcialmente su ojo mágico. Lupin y Tonks se movieron hacia un rincón oscuro cerca de la barra, lo bastante apartados para evitar miradas indiscretas pero con una visión decente de todo el antro.
—Me pregunto si alguna vez habrá una posada clandestina que no huela a desamparo y calcetines sucios —dijo en voz baja, tamborileando los dedos sobre la mesa pegajosa. Sus ojos, traviesos y agudos a pesar del disfraz, no perdían detalle de los movimientos en el local.
Lupin, con los brazos cruzados y una expresión grave, no respondió.
Su mirada estaba fija en una de las pocas ventanas del local, una que, a diferencia de las demás, no estaba completamente cubierta de roña. Aunque estaba parcialmente tapada por un grupo de magos encapuchados que formaban un círculo alrededor de algo, Lupin tenía una buena visión del cielo.
Una nube se deslizó lentamente, dejando entrever el contorno brillante de la luna en su fase creciente. Lupin la observó en silencio, como si esa visión bastara para tensarle cada músculo del cuerpo.
Tonks notó su inquietud. Vio cómo sus ojos recorrían el local, de la barra a las sombras, de los encapuchados a la ventana, y cómo sus hombros se mantenían rígidos, como si esperara un ataque en cualquier momento.
Al ver que Lupin permanecía en un silencioso segundo plano, la auror golpeó la superficie de la mesa con una mano encallecida, atrayendo la atención de un camarero que pasaba cerca.
—Un fuego escocés doble, y no seas tacaño con la medida. —Su tono brusco estaba diseñado para encajar en el ambiente del lugar. Luego señaló un cartel desvencijado, clavado sobre la barra—. Y tráenos la bebida de la casa. Lo que sea que tengas.
El camarero, un hombre delgado con una piel cenicienta y ojos huidizos que parecían evitar cualquier contacto directo, lanzó una mirada de soslayo hacia Tonks. Por un momento, pareció a punto de decir algo, pero al final solo asintió con desgana y se deslizó hacia la barra, desapareciendo detrás de un telón raído que separaba el área de servicio del resto del pub.
Tonks lo siguió con la mirada un instante antes de volver su atención hacia Lupin, cuya vigilancia no había disminuido. Sus ojos seguían deslizándose por cada rincón oscuro de la taberna con la inquietud de un animal que se siente al acecho de un depredador.
—Relájate un poco, Remus —comentó Tonks, apoyando un codo sobre la mesa con contenida diversión mientras lo miraba con una mezcla de y preocupación—. Vamos a salir enteros ¿Qué es lo peor que podría pasar?
Su tono era ligero, pero había un trasfondo sincero. Una señal de que, aunque intentaba bromear, también estaba alerta.
Lupin apartó la mirada de la luna justo cuando una nube volvía a cubrirla. Al encontrarse con los ojos de su compañera, se obligó a dedicarle una sonrisa breve y fugaz, apenas una sombra en las comisuras de sus labios.
—Lo siento, Tonks. Este lugar… me pone en guardia —respondió, con una voz serena, casi reconfortante, como si intentara tranquilizarla a ella en lugar de a sí mismo.
No era del todo mentira.
Pero tampoco era toda la verdad.
Lo que realmente lo inquietaba no se hallaba en aquella sala oscura, ni entre los magos encapuchados, ni siquiera en la posibilidad de un encuentro violento. Lo que lo mantenía en vilo era la presión bajo la piel, el ritmo irregular en el pecho, el eco de la luna creciente que ya se dejaba sentir en su mente.
La cercanía de la transformación lo volvía más irritable, más vulnerable. Y detestaba profundamente aquella sensación.
Tonks lo estudió por un instante, inclinándose hacia él con una expresión traviesa.
—Es bueno que estés en guardia, pero guarda las caras largas para cuando estemos en verdadero peligro, ¿quieres? Anda, dame algo con lo que jugar un poco —dijo, levantando las cejas con exageración antes de bajar la voz en un susurro cómplice—. ¿Qué tal un comentario sarcástico sobre el menú? Estoy bastante segura de que esa olla en la esquina lleva hirviendo desde la fundación del bar.
Esta vez, la sonrisa de Lupin fue más genuina, y sus ojos adquirieron un brillo tenue, casi imperceptible.
—Lo que sea que haya en esa olla probablemente debería clasificarse como una nueva especie de criatura mágica —replicó, con un toque de ironía que arrancó una risotada grave pero sincera de Tonks.
—¡Ahí está! Sabía que tenías algo de vida debajo de todas esas capas de seriedad —respondió ella, animada por el cambio en su compañero.
En ese momento, el camarero reapareció, dejando caer dos vasos sobre la mesa con un golpe seco y recogiendo las monedas que Tonks había dejado sobre la barra con la rapidez de alguien acostumbrado a evitar preguntas. No dijo ni una palabra mientras desaparecía de nuevo en las sombras.
Lupin miró los vasos con curiosidad. Uno contenía un líquido ambarino que emanaba el inconfundible olor del fuego escocés barato. El otro — que Tonks había pedido por mera curiosidad —, albergaba un líquido turbio y de un color incierto que parecía desafiar las leyes de la química mágica.
—¿Qué es eso? —preguntó Lupin, inclinándose ligeramente hacia el vaso más extraño.
—Algo llamado “El Resoplido del Dragón” —respondió Tonks, señalando con entusiasmo un cartel desgastado colgado detrás de la barra—. Y voy a ser valiente y probarlo.
Con un gesto dramático, levantó el vaso como si brindara por alguna ocasión especial. Lupin arqueó las cejas, con una mezcla de escepticismo y diversión.
—Si empiezas a echar humo por las orejas, me aseguraré de que Moody lo registre como un efecto secundario —comentó, con una ironía sutil.
Tonks le guiñó un ojo y tomó un sorbo decidido. En cuanto el líquido tocó su lengua, se detuvo en seco, arrugando la nariz con una mueca de asco mientras bajaba el vaso con rapidez.
—Por Merlín, eso es horrendo. Sabe a sopa de troll —dijo, mientras trataba de recuperarse del sabor con una sacudida de cabeza.
Lupin dejó escapar una risa baja, señalando con un leve gesto de cabeza hacia el borracho que tambaleaba peligrosamente sobre su taburete al otro lado de la sala.
—Espero que no sea la bebida que parece disfrutar Toby el Tuerto.
Tonks lo miró al mismo tiempo que el borracho lanzaba una carcajada ronca y desentonada, y alzaba su vaso al cielo en un brindis desganado con nadie.
—Si eso es lo que bebe, creo que ya entiendo por qué lo llaman “Tuerto” —respondió Tonks con una sonrisa de complicidad.
La auror dejó de lado su tono juguetón – y su bebida de dudosa calidad – y adquirió una actitud más profesional, aunque su disfraz de bruja harapienta y sucia no ayudaba a inspirar demasiada confianza. Aun así, había algo en su desparpajo natural capaz de desmontar las defensas incluso de las más recelosas reacciones.
Junto con Lupin, se acercaron al hombre tambaleante en el extremo de la barra. Estaba medio hundido en su silla, con una jarra a medio vaciar frente a él, y murmuraba para sí mismo con la intensidad de alguien que llevaba horas hundido en sus propios pensamientos.
—Greaves… ese maldito astuto… —mascullaba el hombre, arrastrando las palabras—. Lo tenía todo planeado. La sala rara… siempre decía que en el Departamento de Misterios había cosas que nadie debía tocar…
Tonks avanzó con paso deliberado. Su mueca torcida dejaba ver el diente mal alineado que formaba parte de su apariencia. Se inclinó hacia el borracho como si fuera una vieja conocida que acababa de encontrar por casualidad.
—¿Sala rara? —dijo con una voz áspera, casi ronca—¿De qué estás hablando, amigo? Vamos, no seas tímido.
Se dejó caer en una silla junto al hombre, como si su presencia allí fuese lo más natural del mundo. Toby el Tuerto, entrecerró los ojos hacia ella, tratando de decidir si confiar o no en esta bruja andrajosa que parecía conocerlo. Antes de que pudiera decidirse, Lupin se acercó despacio, permaneciendo en las sombras, listo para intervenir si era necesario.
—¿Nos conocemos? —balbuceó Toby, mirándola con los ojos nublados.
Tonks soltó una risa grave y exagerada.
—¡Claro que sí, Tob! Soy Andrágora, tu vecina de toda la vida. ¿O ya vas tan ciego que no reconoces ni a las viejas amigas?
Lupin se mordió una réplica, maldiciendo la poca sutileza de Tonks. Pero para su sorpresa, el rostro del borracho se iluminó. Aflojó la mano de su varita y se acercó un poco más para no perder detalle.
—¡Andrágora! ¡Por todos los duendes… buenos tiempos, sí señor! ¡Buenos… muy buenos!
—Eso es. Pero no te me vayas por las ramas —le dijo Tonks, dándole un golpecito amistoso en el brazo—. Me parece que hablabas de algo interesante, ¿verdad? Vamos, amigo, suelta lo que tengas en la cabeza, que te escucho.
Con un gesto casual, dejó caer dos galeones sobre la mesa. Los ojos de Toby brillaron al instante. Se lanzó sobre las monedas con manos temblorosas.
—Bah… no es nada. Cosas de Greaves. Ya sabes cómo era. —Su tono fingía indiferencia, pero había algo nervioso en su voz, como si supiera mucho más.
—¿Qué cosas? —intervino Lupin con calma, sin levantar la voz. Dejó otro par de monedas frente a los ojos aletargados de El Tuerto.
Toby soltó una carcajada seca, bebió un largo trago y dejó la jarra sobre la mesa con un golpe sordo a la vez que, con una agilidad felina difícil de justificar por su estado de embriaguez, escondía el botín en su bolsillo.
—Greaves estaba chiflado. Decía que escuchaba voces. Que la sala le hablaba de…cosas. Decía que, si lograba entenderlas, cambiaría el mundo ¡El mundo entero!
Lupin y Tonks intercambiaron una mirada rápida.
—¿Qué sala? —preguntó Lupin, aún contenido.
—Una sala cerrada. Protegida. No se puede entrar. No cualquiera, al menos. DEcían que solo los implicados podían acceder. Y los trabajadores. Greaves creía que había una forma, que él podría entrar ¡No me extraña que los que trabajan allí acaben perdiendo la cabeza!
Toby se detuvo un instante, como si buscara algo más entre los recuerdos. Su expresión se volvió súbitamente más sombría.
—¿Y lo consiguió? —insistió Tonks.
El borracho soltó una risa hueca.
—¿Conseguirlo? ¡Ja! Ni de broma. Pero lo intentó. Claro que lo intentó. Por eso lo largaron. Después se perdió entre los indeseables, los marginados y los olvidados… como yo.
De pronto, se incorporó de golpe, tambaleándose.
—He dicho demasiado. Si alguien me oye… acabaré como él. O peor. —Su mirada se clavó en ellos con súbita lucidez—. Si sois listos, olvidaréis todo esto.
Y sin darles tiempo a reaccionar, se perdió entre los tablones del suelo y los habituales del local, saliendo a trompicones por la puerta.
Quedaron solos.
El silencio entre Tonks y Lupin se hizo espeso.
—Una sala que habla —murmuró Tonks al fin, con la vista fija en su vaso vacío—. Esto no es lo que esperaba oír.
Lupin tardó unos segundos en contestar.
—No es lo que esperaba tampoco, pero suena exactamente como algo por lo que el Departamento de Misterios haría cualquier cosa por ocultar.
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Tonks y Lupin se reunieron con OjoLoco, y salieron los tres juntos del callejón Knocturn, hacia el Londres muggle.
La luna se asomaba tímida sobre un solar abandonado entre los edificios, iluminando el asfalto agrietado, los charcos de agua sucia y las sombras que parecían devorar todo a su paso.
—Convocaré una reunión para hablar de lo que habéis averiguado —gruñó Moody a modo de despedida.
Con un crujido seco, se desvaneció en el aire mientras sus palabras aún resonaban en la noche.
Tonks puso los ojos en blanco ante la ausencia de ceremonia por parte de su mentor. Había recuperado su aspecto original, y su media melena, alborotada y rosa, brillaba más que nunca, como si se sintiera ofendida por haber tenido que adoptar el color pardo y deslavado del disfraz que requería la situación.
El éxito de la misión le había dejado un buen sabor de boca a Tonks. Se sentía bien, incluso animada. Su mirada se desvió hacia Remus, buscando algún indicio de satisfacción compartida: un guiño travieso, una sonrisa cómplice, un gesto que confirmara que él también sentía lo mismo.
Pero no.
La postura de su compañero seguía más rígida de lo habitual, como si un peso invisible se hubiese asentado sobre sus hombros. Tonks lo observó un instante en silencio, intentando leerlo, pero Remus se mantenía distante, impenetrable, como un libro cerrado.
Decidida a no dejarse arrastrar por aquel silencio que amenazaba con cubrirlo todo, Tonks intentó algo.
—¿Qué pasa, Remus? Pareces un crup asustado —dijo con una sonrisa torcida, buscando provocarlo con cariño.
Él giró la cabeza hacia ella, como si acabara de recordar que no estaba solo.
Su expresión apenas cambió. Sus ojos, habitualmente cálidos pese a la melancolía, estaban velados por algo más oscuro.
—Nada, Tonks. Estoy bien.
La respuesta fue tan breve como vacía.
Tonks dejó escapar un suspiro. Ya sabía que, con Remus, los silencios decían más que las palabras. Pero no estaba dispuesta a rendirse tan pronto.
Probó de nuevo, con una chispa de humor que, esperaba, encendiera alguna luz en él.
—¿Sabes? Podríamos ir a tomar una copa y repasar lo que hemos averiguado. Hay un sitio decente no muy lejos. Además, necesito que mis papilas gustativas olviden el sabor de El Resoplido del Dragón —bromeó, arrugando la nariz con una mueca dramática.
Pero en lugar de unirse a su tono ligero, Remus alzó la vista hacia el cielo, donde la luna volvía a ocultarse tras las nubes. Su rostro se suavizó momentáneamente, pero lo que dejó ver no fue alivio, sino una mezcla de tristeza y otra emoción que Tonks no supo nombrar.
—No puedo. Tal vez en otra ocasión. Buenas noches.
El tono fue cortante, casi frío.
Y antes de que ella pudiera responder, Remus se dio la vuelta y se alejó, tragado por la oscuridad del callejón. Sus pasos, al principio firmes, fueron apagándose hasta que solo quedó el silencio.
Tonks permaneció inmóvil bajo el cielo estrellado, con el viento nocturno revolviéndole suavemente el cabello.
Durante unos segundos no se movió.
Solo miró el lugar por donde él había desaparecido, como si esperara entender algo que aún se le escapaba.
La sonrisa se le había borrado del rostro sin que se diera cuenta. Y la luna había vuelto a ocultarse entre las nubes.
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Hola a todos!
Bueno, ahí va. Capítulo corto pero importante a nivel argumental.
A ver si se va tejiendo la historia poco a poco. He querido darle ambiente de thriller. De historias de detectives privados que trabajan en despachos desordenados, humo de tabaco rancio, latas de cerveza barata e intrigas de sabuesos de los bajos fondos. Y un poco de olor a lluvia, barro y mediocridad, que siempre viene bien. De hecho, cuando escribí el capítulo, me vino a la cabeza la portada que quería darle, que es la imagen adjunta (si es que la plataforma me permite poner imagen, si no, la tenéis en Instagram en https://www.instagram.com/lagatakafka )
He de decir que la combinación Moody, Lupin, Tonks me encanta. Encajan muy bien a nivel de roles y caracteres, y van muy bien con este ambiente oscuro, de secretos, sombras y misterios en que quiero tejer la trama principal.
Espero que os vaya convenciendo de momento. Y, sobre todo, que el tiempo que invertís en leerla os siga mereciendo la pena.
Como siempre, gracias por leer hasta aquí y nos vemos en la siguiente entrega!
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