Los dos lobos
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HP.5 21.El ojo de la serpiente, casi al final del capítulo. La parte en que Harry sueña con que es una serpiente, se despierta y van al despacho de Dumbledore.
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—Por fin —dijo Tonks, dejando un pergamino sobre la mesa con un golpe suave.
Un eco satisfecho resonó por la cocina.
Era de papel grueso, coronado por letras doradas, ornamentadas y rimbombantes. Su diploma de finalización de rotación.
Sirius levantó la vista desde el periódico y silbó con sorna.
—¿Te han dejado salir viva del laberinto?
—Con la cordura intacta, más o menos.
El cuartel de la Orden del Fénix estaba inusualmente tranquilo aquella noche.
Afuera, la nieve se acumulaba en los alféizares de las ventanas y la luna pálida esparcía su luz tenue sobre la fachada gris y austera de Grimmauld Place.
Dentro, la chimenea crepitaba con un fuego cálido, y el aroma a whiskey de fuego impregnaba el aire de la cocina donde estaban sentados Tonks y Sirius, dispuestos a compartir una tarde tranquila.
—No te ves tan terrible, Black —bromeó Tonks, observando cómo su primo se inclinaba hacia atrás con aire indolente—. Creí que el encierro te estaba afectando más.
—Siempre tan encantadora, Nymphadora —replicó Sirius con una sonrisa ladina, disfrutando de la oportunidad de fastidiarla un poco.
Antes de que Tonks pudiera responderle con una réplica mordaz, la puerta de la cocina se abrió de golpe.
Ella se giró de inmediato y sus ojos se abrieron con sorpresa.
—¡Remus! Pensaba que estabas de guardia.
Su sonrisa se ensanchó. Siempre le pasaba lo mismo cuando él entraba en la habitación.
Remus cerró la puerta tras de sí, sacudiendo la nieve de su abrigo antes de despojarse de él con movimientos lentos.
—No —murmuró con voz ronca—. Arthur me cambió el turno.
Sus hombros caídos y su expresión agotada hablaban de noches sin descanso. Tenía las ojeras marcadas bajo los ojos y, aunque su cabello siempre había tenido canas dispersas, aquella noche parecían más evidentes.
Sin embargo, al cruzar la mirada con Tonks, su expresión se suavizó y esbozó una pequeña sonrisa, como si no quisiera preocuparla.
Remus acercó al fuego y comenzó a frotarse las manos, tratando de entrar en calor.
Parecía temblar ligeramente.
Se veía tan helado que Tonks casi podía sentir su frío desde donde estaba. Tuvo que hacer un esfuerzo consciente para no ir hacia él, envolverlo en un abrazo y hacerle entrar en calor.
En cambio, se limitó a apretar los labios y cruzarse de brazos, obligándose a permanecer quieta, tratando que sus intenciones no fueran demasiado evidentes.
—Esto te ayudará —dijo Sirius, alargando un vaso con whiskey de fuego.
Remus lo aceptó con un leve asentimiento y se dejó caer en la silla junto a su amigo, soltando un suspiro de alivio.
Tonks apartó la vista, fingiendo indiferencia, pero su corazón seguía latiendo demasiado rápido.
—Bueno, ¿y qué tal la manada? —preguntó Sirius finalmente, con una mezcla de curiosidad y escepticismo.
Remus se frotó las sienes con los dedos y suspiró.
—Igual que siempre. La mayoría de ellos están demasiado desesperados como para ver más allá de sus propias necesidades. Intenté razonar con algunos… pero no fue suficiente.
—¿Te escuchó alguien? —preguntó Tonks en voz baja.
Lupin dudó un instante antes de responder:
—Tal vez. Un par de ellos, pero dudo que hagan algo al respecto. El miedo es un arma poderosa.
Sirius resopló, recostándose con desgana.
—Eso lo sabemos bien. Y más con el gobierno de inútiles que tenemos.
Nadie lo contradijo.
El silencio cayó sobre la cocina mientras los tres bebían. El fuego de la chimenea proyectaba sombras en las paredes, y por un momento, Tonks permitió que la sensación de calma la envolviera. Miró de reojo a Lupin, observando como sus dedos largos y delgados rodeaban el vaso con fuerza, mientras sus ojos se perdían nuevamente en las llamas.
Sonrió apenas.
Desde que él había iniciado sus incursiones con los licántropos, pasaba muchas noches fuera y ella no podía evitar preguntarse si estaría bien, si tendría frío, si habría comido. Y aunque aquella noche parecía más agotado que nunca, al menos estaba allí, a salvo.
Y eso la tranquilizaba.
Entonces él se movió, dejando el vaso sobre la mesa.
—Debo enviar un mensaje a Dumbledore —murmuró, sacando su varita.
Tonks enderezó la espalda, observándole con atención.
—Expecto Patronum – dijo él con voz firme
De la punta de su varita brotó una bruma plateada que se concentró rápidamente, tomando una forma espectral.
Un lobo, de pelaje largo y porte majestuoso, cruzó la cocina con movimientos elegantes.
Su luz iluminó el espacio con un resplandor plateado que contrastaba con el cálido fulgor anaranjado de la chimenea, creando un hermoso juego de luces y sombras con cada paso que daba.
Tonks lo siguió con la mirada, fascinada.
—Bonito ejemplar.
Lupin giró el rostro hacia ella.
Tonks miraba al lobo con ese brillo en los ojos que le era tan característico.
—No pretendía impresionarte —murmuró él, aunque no pudo evitar un amago de sonrisa.
—Lástima —respondió la auror con fingida decepción —, porque lo has hecho.
Antes de que Lupin pudiera replicar, Tonks ya había sacado su propia varita con una sonrisa pícara en los labios.
—Expecto Patronum
Otro lobo apareció junto al primero. Una loba.
Más pequeña, más enérgica, con un trote ligero y desenfadado. Apenas tocó el suelo, se lanzó a olisquear al otro Patronus con un entusiasmo palpable, juguetón, que contrastaba con la calma casi solemne del primero.
Tonks sonrió y se cruzó de brazos, satisfecha.
—No iba a dejar que tu Patronus se llevara toda la atención.
Lupin observó con asombro cómo su lobo se mantenía quieto por un instante, evaluando a la recién llegada, antes de que ella se lanzara sobre él, rodeándolo con alegría y dando saltos, tratando de morderle la cola luminosa.
Entonces, una carcajada rompió el silencio.
—¡Por Merlín! —exclamó Sirius, riendo con fuerza—. ¡Nunca había visto dos Patronus interactuar así!
Tonks se sonrojó, pero sin dejar de sonreír.
No esperaba aquella interacción, pero no le desagradaba para nada. Era como si su patronus fuera un reflejo de sus sentimientos, del abrazo que no le había dado y de las cosas que no le había dicho.
Todavía.
Lupin, sin embargo, se quedó rígido.
Sus ojos seguían fijos en los dos lobos, viéndolos interactuar con demasiada… facilidad.
Demasiada sintonía.
Sintió un nudo en el estómago.
Era una señal, demasiado peligrosa y obvia para ignorarla.
Supo que los muros que llevaba años erigiendo tan cuidadosamente estaban en las últimas.
Tonks estaba peligrosamente cerca, demasiado cerca. Y eso no podía ser.
—Parece que se llevan bien —comentó Sirius con un tono que pretendía ser inocente, pero su mirada de soslayo hacia Lupin revelaba que sabía exactamente lo que estaba presenciando.
—Por supuesto que sí —respondió Tonks con un guiño, sin apartar la vista de los lobos.
Lupin no respondió.
Se concentró en su vaso de whiskey, fingiendo indiferencia, pero el leve rubor en sus mejillas lo traicionó.
Sirius se cruzó de brazos y los observó con una sonrisa satisfecha, como si acabara de confirmar una sospecha largamente guardada.
—Bueno, parece que la Navidad no será el único motivo de alegría en esta casa —murmuró con aire distraído, aunque asegurándose de que su amigo le oyera.
—¿Cómo dices? —preguntó Tonks, recibiendo a su Patronus que giró en torno a ella una última vez antes de desvanecerse en una lluvia de luz plateada.
—Nada, nada… —respondió Sirius con despreocupación, pero su sonrisa perspicaz se mantuvo mientras se levantaba de la mesa.
Se estiró con pereza y lanzó una última mirada significativa a Lupin antes de salir de la cocina, murmurando algo sobre unos informes que requerían su atención urgente.
Pero Lupin sabía que no era cierto.
El silencio que dejó tras de sí pesó en el aire.
Lupin exhaló despacio y volvió a concentrarse en su Patronus, grabando el mensaje para el director.
Cuando finalmente alzó los ojos, se encontró con Tonks. Sonreía, pero en su expresión había algo más allá de la diversión.
Una expectación densa, casi tangible.
Le miraba como si ella también se hubiera dado de que, lo que acababan de presenciar entre los dos lobos no era una coincidencia.
No.
Era una verdad. Una que ninguno de los dos se atrevía a poner en palabras.
—¿Podemos hablar un momento? —preguntó él con voz baja, pero firme.
Tonks alzó una ceja, sorprendida por la gravedad en su tono, pero se acercó de inmediato.
Lupin tomó aire, reuniendo sus pensamientos.
Sabía lo que debía decir, lo había repetido en su mente una y otra vez.
Pero al mirarla, su garganta se apretó.
La luz cálida del fuego danzaba sobre su rostro, creando reflejos que hacían brillar esos ojos suyos, tan cálidos, tan llenos de emoción, de presente y de futuro.
Y esa sonrisa.
Esa maldita sonrisa que desbordaba su autocontrol y despertaba un anhelo que su raciocinio no podía controlar.
—¿Qué ibas a decirme, Remus? —preguntó ella, inclinándose hacia él, entornando ligeramente los ojos, como si esperara que sus siguientes palabras fueran exactamente las que quería escuchar.
Lupin desvió la mirada por un momento, intentando centrarse.
Las frases que tan claras le habían retumbado en la mente apenas unos segundos atrás se habían esfumado.
Completamente opacadas por el carmín de sus labios.
—Yo… —empezó, pero su voz sonó vacía incluso para él.
Estaba perdido, sin remedio, rendido, embelesado por ella.
—Remus…— dijo Tonks, suavemente, y cerca.
Demasiado cerca.
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HP.5 22.San Mungo. Desde el principio hasta que Dumbledore envía a Phineas Nigellus a avisar a Sirius.
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Y entonces, Sirius irrumpió en la cocina, blanco como el papel.
—¡Han atacado a Arthur Weasley! —exclamó, casi sin aliento—. Phineas Nigellus me lo acaba de decir.
Lupin y Tonks se miraron durante un breve instante, olvidando todo el intento de conversación.
Sabían dónde estaba Arthur Weasley aquella noche. Y lo que estaba haciendo.
Tonks fue la primera en reaccionar.
Su rostro palideció un poco, pero sus ojos brillaban con una determinación férrea.
La calidez de su expresión se había desvanecido, reemplazada por una seriedad implacable. La de un auror acostumbrado a lidiar con situaciones urgentes.
Solo quedaba actuar.
Sin despedirse de Sirius, se apresuraron a coger sus túnicas y salieron disparados hacia la calle.
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NOTA DE AUTORA:
¡Sí! La razón por la que quería que Tonks tuviera un lobo como Patronus era, en parte, para poder escribir esta escena.
Es broma… a medias. Porque, sinceramente, creo que un lobo le encaja mucho más de entrada que una liebre.
Pero entonces… ¿en qué cambiará su Patronus?
Ya lo veréis 😏
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